sábado, 25 de octubre de 2014

32. Puerto De Sevilla y Coria

Las infraestructuras de transporte (caminos, vías de ferrocarril, vías fluviales y puertos) pueden ser consideradas como importantes agentes responsables de la morfología de los espacios urbanos y del crecimiento espacial del mismo. Este sería el caso de Coria cuyo crecimiento ha estado tan influido por la presencia del río Guadalquivir, la divagación natural de su de su cauce y en particular la línea de crecidas del río en momentos de riadas y la presencia de sus dos puertos. El primer puerto en la gola o caño del Riopudio debido a su colmatación con sedimentos quedaría reducido a un fondeadero para barcos de pesca junto a un barrio de chozas ( La calle Nueva) . El otro puerto de Coria junto a la “Hermita de la Magdalena” a orillas del torno de Coria mantendría su relevancia ciertamente desde principios del s. XVI hasta mitad del s. XIX aunque ya con un atraque muy reducido de barcos. El torno de Coria recordemos era gemelo al otro torno de la Merlina que se encontraba río arriba en dirección a Sevilla. Evidentemente este último el puerto de Coria conocido en el s. XIX como el lugar de los Malecones habría de languidecer tras la corta de la Merlina en 1795, prácticamente sirviendo para el tráfico del barcaje que tradicionalmente cruzaba el río precisamente por este lugar, pero no obstante hasta momentos relativamente tan próximos como mediados de los años 1970 estuvo en vigor para un ocasional y escaso paso de ganado.
Coria ha tenido una acreditada dedicación histórica a actividades mercantiles ligadas al transporte fluviomarítimo como antepuerto de Sevilla, siendo así desde tiempos remotísimo que se pueden remontar con certeza a los momentos de Tartessos y la presencia fenicia en nuestro territorio a partir del s. VIII a.C. En efecto Sevilla fue cabecera de exportación de los productos proveniente de un vastísimo espacio agrario integrado por todo el Valle del Guadalquivir y sus áreas aledañas.
Como ya indicamos en otra entrega de este blog sobre el auge y declive del puerto de Sevilla entre los s. XVI-XIX, a partir del descubrimiento de América en 1492 el complejo portuario Cádiz-Sevilla, se convierte en motor y meta del comercio con las nuevas tierras que pasaron a manos de la corona española. Sevilla y luego Cádiz se constituyeron cabezas y centros geoestratégicos del monopolio del comercio americano.
Plano de Coria en el siglo XVII con interpretación propia de los puertos en el sector representado. 1-Riopudio en el caño de igual nombre junto a la Ermita de la Soledad 3- Puerto principal de Coria junto a la Ermita de la Magdalena que sirvió hasta mediados del s. XIX para el pasaje de barcas al "otro Lado", pero que perdió su vigencia como punto de descanso y parada obligado tras la Corta de la Merlina (1795) para el tráfico fluvial 4- Puerto de la Dehesilla que conestaba con el Puerto de la Merlina en término de Dos Hermanas y que comunicaba con el Copero y Sevilla por la otra margen 5- Puerto del Rincón en el caño Real por el que se accedía a las inmediaciones de Palomares del Río hasta que este caño se colmató. 2- pasaje de barcas que empezó a usarse a mediados del s. XIX pues antes de la corta de la Merlina la barra arenosa de la Antilla dificultaba la navegación de cruce. En líneas discontínuas se señala el trazado del actual cauce el río Guadalquivir a su paso por Coria. Para más detalle ver las explicaciones ofrecidas más adelante en este artículo.
El Puerto de Sevilla y su evolución

Tras el descubrimiento de América en 1492, el río y el puerto de Sevilla impulsaron un período de máximo esplendor para la ciudad. Para regular las relaciones mercantiles y judiciales con el Nuevo Mundo descubierto en 1502-1503 los Reyes Católicos fundan la Casa de la Contratación (1503 d.C.) en los Reales Alcázares, desde donde se dirigen y contratan los viajes para controlar las riquezas venidas de las Indias. El privilegio del monopolio del comercio indiano convierte a Sevilla en "puerto y puerta de las Indias".
Sevilla se convierte en capital comercial de dos mundos, América y Europa, centro de atracción y confluencia de una heterogénea muchedumbre de hombres, mercancías y negocios, donde todo gira alrededor se su puerto y que beneficia a Coria del Río donde estaba establecidas las aduanas del río en razón de que los barcos debido al meandro de la Merlina allí debían hacer una estación obligatoria.


En 1543 se creó el almojifarazgo de Indias por parte del rey Carlos I, que gravaba los bienes que venían de América el edificio de las aaduanas se encontraba en Sevilla pero con una oficina con un administrador del Amojarifazgo de Indias en el puerto de Coria como nos informa en 1634, Rodrigo Caro quien hizo una relación de los funcionarios que trabajaban en la Aduana de Sevilla entre ellos destacamos: ” ocho escrivanos del río, que asisten desde la Torre del Oro hasta la Puente de Triana, a ver lo que se embarcaba y desembarcaba, Arraez de una falua y dos marineros, Oficio de guarda mayor, un oficio de Marchamador, que sella todos los fardos, un Administrador en el Puerto de la villa de Coria”



Por tanto ya desde mediados del s. XVI y como nos cuenta Mal Lara en “Recibimiento que hizo la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla a Felipe II”. en Coria residían "las guardas del Almorifazgo Mayor [de Sevilla, y del] de Indias, y del Almirantazjo, y de todas las mercadurías y navíos que van a Poniente y Levante se toma aquí cuenta y razón de todo ello". Esto quiere decir que los derechos de aduanas de mercancías entrantes o salientes en Sevilla, controlados por escribientes y guardas llamados almojarifes, se pagaban o al menos se registraban en Coria para confirmar su pago en Sevilla. Era necesario para reprimir el contrabando y el escamoteo de los tres impuestos referidos contar con una fuerza policial disuasoria acuartelada en la villa.
 


 Las dificultades crecientes que ofrecían los cada vez más robustos y cargados navíos para remontar el curso del Guadalquivir hasta el puerto de Sevilla fue la causa de una estación intermedia en puerto de Cádiz para el alijo de los grandes galeones oceánico y finalmente del traslado de la Casa de la Contratación a la ciudad gaditana en 1717 con el consiguiente declive en el comercio y puerto de Sevilla. En 1765 se promulga el Decreto de Libre Comercio con América para los puertos de Alicante, Barcelona, Cartagena, Gijón, La Coruña, Málaga, Santander, que supone una gran merma a la actividad de comercial tanto de Cádiz como de Sevilla. Situación que empeora para Sevilla si cabe cuando en 1778 se elabora un Reglamento de libre comercio con América ya generalizado a todos los puertos españoles. La liberalización legal del comercio se asocia paradójicamente a la pérdida de América entre 1811-1825 periodo en que se constituyeron las nuevas repúblicas americanas. Se pasó de un tráfico comercial con América, concentrado en pocos puertos (especialmente Cádiz, Sevilla y Santander, ya que la mayoría de los puertos españoles se dedicaban entonces más al cabotaje peninsular o entre puertos cercanos europeos), a que este se abriese a otros puertos. En la primera mitad del s. XIX se pasó de grandes flotas, concentradas en pocos puertos españoles, a un conjunto de navieras con muchos barcos (primero pequeños y de vela, después de vapor y casco de acero) con base en puertos cada vez más diversificados. El gran reto de los puertos fue hacerlos mucho mayores para los barcos de casco de hierro y vapor y que respondieran con las nuevas instalaciones al aumento del tráfico marítimo.
Sevilla cuya situación al final del estuario del Guadalquivir, que le había resultado tan positiva en la Edad Moderna, tuvo en ello su principal handicap en el s. XIX, debido al comportamiento del río. El tramo final del Guadalquivir se desliza hacia el mar en un área marismeña de bajísima pendiente (del orden de 1/10.000) que hace que el flujo se retuerza en meandros que dificultan notablemente la navegación. La historia de las mejoras del puerto de Sevilla está jalonada por dos tipos de actuación. De un lado, las cortas en el río, que mejoren su navegabilidad y reduzcan los peligrosos efectos de las crecidas, y de otro, las limpias del cauce en busca de la eliminación de los bajos. De ambos tipos de actuación se registrarán en este puerto varios casos durante el XIX.
El puerto fluvial de Sevilla con la llegada del barco de vapor parecía abocado la decadencia, debido a se precisaba que la “canal” del río Guadalquivir y los muelles de Sevilla tuviesen calado suficiente para permitir el paso y atraque de esos barcos. Sin embargo gracias a las importantes obras acometidas de cortas y dragados sobre el río y la construcción de un nuevo malecón Sevilla pudo hacer prevalecer no sin dificultades su situación privilegiada de la única ciudad española situada hacia el interior a orillas el único río navegable de la península. La modernización de los puertos españoles en especial a partir de la mitad del s. XIX, afectó también al puerto de Sevilla que debió encarar no sólo grandes obras públicas portuarias, sino además como hemos señalado en la ría del Guadalquivir: ampliación con nuevos muelles, aumento del fondo del cauce mediante dragado. Sevilla cuyo puerto se asentaba sobre El Arenal desde la Edad Media entre el puente de barcas de Triana y la torre del Oro, al pie de los antiguos barrios de La Cestería y de La Carretería, sufre una transformación mediante la construcción de un nuevo muelle y el trazado del Paseo del Arenal o del Malecón (Paseo de Colón), enlazado con el casco medieval a través de las calles de Alfonso XII y Reyes Católicos; esta última, a su vez, unía la ciudad con el arrabal de Triana a través de un nuevo puente de hierro de Isabel II o de Triana. Un hecho determinante para iniciar desde una perspectiva urbanística la vinculación física y funcional entre la ciudad y el puerto, fue el derribo casi total de la muralla del mar, que representó la sustitución del frente de muralla que protegía la ciudad de las riadas del Guadalquivir por una fachada portuaria abierta. Además se produjo un remodelado urbanístico para unir las principales infraestructuras de transporte con que contaba la ciudad, el puerto fluvial y la estación de ferrocarril de la Compañía de Córdoba (Plaza de Armas). El entronque del ferrocarril con los barcos al llegar las vías al pie de las bodegas, resolvió el reto de una carga y descarga masiva por un procedimiento rápido y barato. Carga de cereales y minerales principalmente, al que luego se unió el aceite y las famosas aceitunas de mesa sevillanas. En particular los cargaderos y descargaderos de mineral (carbón, hierro, cobre o plomo) permitieron con el ferrocarril prácticamente transportarlo a granel desde la boca de la mina a la bodega de los barcos. El puerto de Sevilla como otros en la segunda mitad del siglo XIX, se convirtió en un gran almacén a cielo abierto de carbón por la necesidad de combustible no sólo para los barcos sino también para la incipiente zona industrial situada estratégicamente entre la estación de Plaza de Armas y el puente de Triana donde precisamente se situó la gran fábrica de electricidad de la Compañía Sevillana de Electricidad.
Con todo la actividad del puerto de Sevilla en el siglo XIX en relación a otros peninsulares puede calificarse de lento crecimiento y esta actividad estuvo lastrada por valor de las mercancías de entrada supera globalmente al de las de salida. Situación que refleja el atraso relativo de la economía del entorno andaluz de Sevilla con relación al conjunto nacional y a las economías del Norte de España. La composición de la carga es típica de una economía mediterránea: cereales, aceite y otros productos agrícolas (o sus derivados como el jabón) y minerales como base de la oferta de la zona. La demanda es, sobre todo, de productos manufacturados (la mitad textil), carbón y materias primas como hierro (pues la industria siderúrgica sevillana era del todo insuficiente), pieles y madera.
El transporte marítimo respecto al ferrocarril fue perdiendo comparativamente peso
relativo cuando la red ferroviaria se extendió por todo el interior de España en el último cuarto del s. XIX, aunque esta red ferroviaria buscó llegar al pie de los barcos, integrando progresivamente a los puertos en la red.
Hasta el siglo XIX las obras que se necesitaban acometer y la gestión económica de cada puerto se hacían en España por organismos locales como los “consulados” o “juntas locales de comercio”. En el caso de Sevilla existía el Consulado Marítimo y Terrestre de Sevilla constituido en 1784 como consecuencia del Decreto de Libre Comercio. Desde el primer momento el Consulado se interesa por hacer más navegable el río, toma cartas en este asunto y gestiona la corta de la Merlina (1795). El Consulado sería más tarde sustituido en dicha finalidad de mejorar la navegabilidad por la Compañía de Navegación del Guadalquivir (creada en 1815 para emprender la corta de Borrego) y a su vez este organismo sucedido por la Junta de Obras del Puerto en 1870 dependiente ya del Estado.
Los principales proyectos de mejoras en el siglo XIX se deben al ingeniero Canuto Corroza (1852) si bien no fueron desarrollados sino muy limitadamente y lentamente.
Los proyectos de Manuel Pastor y Landero como director del puerto desde 1863 se destinaron a modernizar los muelles del puerto y gracias a los trabajos de la Junta de Obras del Puerto de Sevilla creada en 1869 se logró recuperar la vía de navegación para barcos de más de 200 tn. A comienzos del siglo XX, el Plan Molini desarrolla las ideas de Corroza que incluían cinco directrices:1- Obras de ensanchamiento y mejora del canal que facilita la navegación en la desembocadura. 2- Dragados en el canal navegable del río y en el puerto. 3.- Corta de Tablada, que evita tres meandros a la navegación previos a la entrada en el Puerto (los Gordales). 4.- Construcción de un puente en la cabecera de la Corta de Tablada (el eliminado puente de hierro de Alfonso XIII). 5.- Dotación de un muelle de atraque y zona de servicios en la margen izquierda de la Corta de Tablada.

La Casa de Contratación de Sevilla fue creada por la Corona en 1503 para administrar y controlar todo el tráfico con América, tierra declarada mercado reservado de Castilla. Nadie podía ir a América ni fletar ninguna mercancía para las Indias sin pasar por la Casa de Contratación de Sevilla; y toda mercancía procedente de las Indias debía pasar por el control de esa institución y pagar el impuesto del 20 % a la Corona. Grna parte de este control se ahcía tambien en los puertos de Coria del río, Snalucar de Barrameda y Cádiz. La Casa se encargaba del aprovisionamiento y del pertrecho de las flotas, cuidaba del buen estado delas embarcaciones y se encargaba del registro de todos los barcos que se disponían a zarpar para América o que venían de regreso. La Casa de Contratación fue instalada inicialmente en las Atarazanas de Sevilla, pero ese lugar estaba expuesto a las riadas y era perjudicial para las mercancías, por lo que pronto fue trasladada al Alcázar Real, y allí quedó instalada en la sala de los Almirantes, hasta que fue trasladada a Cádiz en 1717.
El Puerto de Coria y su evolución

Ahora vamos a referirnos al puerto de Coria, sus mudanzas y algunos de sus aspectos significativos de su evolución.
En la confluencia del Riopudio y el río Guadalquivir (que entonces era mucho más ancho que en la actualidad), estaba desde antiguo el puerto o fondeadero de Coria, resguardo de las embarcaciones que atracaban en Coria (ahí fue donde Magallanes en 1519 se refugió de una tormenta antes de emprender el viaje para dar la vuelta al mundo). Precisamente en esa zona estaban las chozas de los pescadores, en la calle que empieza a formarse y se llamaría calle Nueva junto a la cual a finales del siglo XVI se construyó, según parece; la capilla de Ntra. Sra. de la Soledad. Este fondeadero fue progresivamente perdiendo calado por lo que quedó únicamente para las pequeñas barcas de pesca. Sin duda el puerto principal de Coria estaba durante los s. XVI-XVI situado junto a la ermita de La Magdalena, a la salida del pueblo extrarradios, es decir en el campo debajo del cerro de Cantalobos, en dirección al camino de Sevilla, ya que anteriormente a la corta de la Merlina (1785). El puerto no se podía situar junto al pueblo y su parroquia de Nra. Sra. de la Estrella, donde únicamente también atracarían pequeñas barquillas, puesto que esta zona conocida como la Antilla estaba ocupada por islotes y bajos arenosos de material aportado por el río. Por tanto en el torno de Coria no encontramos con su pequeño puerto que tradicionalmente había servido como punto de control de mercancías (Aduana donde se establecía el antiguo pago de tasas denominado almojarifazgo), al mismo tiempo de punto de paso del pasaje de barcas con la banda donde se halla las tierras de labor de Coria y el puerto servía también al trasvase de ganado desde la Cañada Real de la Isla Mayor pasando por la colada del Callejón de la Magdalena, ya en la otra orilla, hacia la cañada Real de la Isla Menor pasando por la Cañada Real del Polvero . También el puerto de Coria permitía las labores de alijo de los barcos destinados al comercio con América con poco fondo entre ambos tornos, para evitar el rodeo de un día de duración que llevaba la navegación del meandro de la Merlina (pequeña venta y puerto también denominado Merlina con huerta, o huerta del Padre Juan que pertenecía al término de Dos Hermanas) por lo tanto era lugar de reposo de muchos viajeros que preferían permanecer en tierra durante el día que tardaban los barcos en dar la vuelta al lóbulo del meandro pasando junto a la torre de los Cerberos. En Coria se hacía debido a su estratégica posición respecto al río un segundo control adicional al de Sevilla del embarque de pasajeros y mercancías, el cobro de derechos aduaneros y la persecución del fraude fiscal todo ello bajo la dependencia directa de la Casa de Contratación. Por otra parte en la Puebla junto a Coria tenía su sede unidades que efectuaban la policía del río y persecución del contrabando (en el mismo lugar donde hoy se encuentra el Cuartel de la Guardia Civil y anteriormente uno equivalente de Carabineros).
Era el puerto de Coria pues un lugar muy frecuentado por merinos , también por cargadores, viajeros, marineros y militares antes de emprender sus azarosos viajes ultramarinos, donde se hacía alijo de los Barcos con el Puerto de la Dehesilla situado en la otra parte del estrecho cuello (aprox. 400 m.) del meandro.

La jurisdicción de Sanlucar de Barrameda fue  quitada a la casa de Medinasidonia en 1641, lo que posibilita a la Corona a que este puerto intensifique su papel  de control sobre el tráfico marítimo de Indias bajo su control directo al convertirse en pueblo de realengo. Ya anteriormente por otra parte la "tabla" o aduana del Almojarifazgo Mayor de Sevilla y las Indias debio perder su papel anteriormente el puerto de Coria al ser esta villa comprada y sometida bajo el señorio del Conde duque de Olivares en 1636 y pasando en los sucesivo a sus descendientes los condes de Altamiradesaparece, lo que pudo redundar en que su papel pudiese pasar a la Puebla junto a Coria y a Sanlucar de Barrameda. De cualquier forma a partir de 1717 a raíz del traslado de la Casa de Contratación a Cádiz, porque el puerto de Sevilla iba quedando impracticable por la inevitable sedimentación fluvial, las labores de Aduanas del puerto de Coria ya han desaparecido y se han trasvasado a Casas Reales en las inmediaciones de la entrada en Isla Mayor, en término de la Puebla. En efecto el Resguardo de Casas Reales servia para proteger las “rentas reales” derechos equivalentes al anterior almojarifazgo del contrabando u ocultación, y estaba constituido por un grupo de soldados con estructura militar encargados de patrullar el río y lo campos buscando traficantes (es el antecedente del Cuerpo de Carabineros) dedicado al contrabando sobre todo de tejidos y tabaco que tanto proliferó a partir del s. XVIII. Alrededor de 1743 se produjo se produjo un cambio en las aduanas, que pasaron del arrendamiento a la administración directa por la Real Hacienda. No obstante Coria permaneció con otras unidades militares ligadas a su puerto. En efecto Coria había sido lugar de acuertelamiento de la infantería como lugar avanzado de defensa de la ciudad de Sevilla ante los peligros de invasión de los ingleses desde Cádiz, así en 1596 se sabe que en Coria estaba asentada una compañía con 110 infantes bajo las ordenes del capitán Pedro Galindo Abreu quien a la sazón llegaría a ser el Alcalde ordinario de Coria y recibiría en 1614 la embajada Keicho con el samurai Hasekura Tsunenaga y fray Luis Sotelo al frente de la misma (Valencia Victor, 2014). En 1.630, se ordenan mediante ley las Sargentías Mayores y en un momento inmediato posterior se establece una sargentía en Coria (Grau Juan, 2014). El Sargento Mayor a cargo de una compañía integrada por milicianos voluntarios es el encargado de reclutar refuerzos militares en caso de guerra o peligro de invasión en un partido que incluía villas y lugares de la comarca del Aljarafe. Los milicianos habitaban en distintos pueblos pero que periódicamente se reunían para ejercitarse a las órdenes del Sargento Mayor alojado en Coria y estaban preparados para organizar fortines que defendiesen las orillas del río de la entrada de invasores desde la desembocadura pues se le asignó la zona entre Coria y Lebrija incluyendo las Islas del Guadalquivir.
Por otra parte algunas galeras de la Real Armada invernaban en Coria al menos en el s. XVI repartidas entre el puerto de Coria y el puerto del Borrego, dada la prohibición de atracar en Sevilla debido a los conflictos que producía la soldadesca embarcada y la chusma marinera, sin olvidar a los galeotes condenados al remo que había que airear y reponer. Reminiscencia de esta importancia de Coria para la Marina de guerra española es puesto de la Comandancia de Marina, ejercido por un contramaestre a cargo de unos cuantos marineros que pervivió hasta la primera mitad de lo años 1970 que ejercían labor de policía y vigilancia del río en el sector asignado. La Comandancia Naval de Sevilla establecida en 1822 en la Torre del Oro para ejercer la capitanía del Puerto y control militar de la ría del Guadalquivir hasta Sanlucar de Barrameda era la autoridad superior sobre el puesto de Coria. Comandancia Naval que pasó desde la torre del Oro al Pabellón de la Marina de Guerra después de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. La Comandancia Naval de Sevilla tiene prevista su desaparición el próximo año 2015.
Es conocida en Coria la existencia de un Batán a la orilla del río en lo que se denominaba prado de la Magdalena, en la zona que aún conserva su nombre que va de Punta Arena hasta la actual Gasolinera, muy probablemente donde hoy mismo está la arrocería Herba. Por tanto este batán debió estar situado no muy lejos del puerto de Coria y la ermita de la Magdalena. El batán debió de desaparecer anteriormente al 1720 sin embargo el topónimo quedó en la designación de la zona, pues en el plano de Mielson de 1720 se describen otros ingenios hidráulicos en el Guadalquivir, tal como una Fábrica de Hierro justo en la orilla opuesta pero no se recoge tal batán. El batán de Coria tendría relación con industria textil lanera de la ciudad de Sevilla que contó con una importante red de telares de paños. Los paños se vinculan con la Mesta y el esquileo del abundante ganado ovino que pastaba en las Islas del Guadalquivir y en particular especialmente en la Isla Menor. Muchas ovejas merinas transitaban por Coria donde muy probablemente existió un esquiladero, y la lana en vellones era exportada desde los puertos de Sevilla, Coria y otros como el puerto de la Horcada hacia los puertos de Francia, Inglaterra y Alemania, por eso muy bien el excedente de lana se podía procesar en tiras de lienzo que necesitaban ser batanados previamente a su venta, este debió de ser el origen del citado Batán de Coria junto al mismo puerto de la localidad.
En 1795 tras la corta de la Merlina el lugar del puerto de Coria pierde en importancia pues ya deja de ser lugar de parada obligada de los barcos. A su vez la parte de la orilla próxima al núcleo urbano de Coria, tras la corta de la Merlina se constituye rápidamente en un lugar de deposición de arcillas y se colmata el paraje de la Antilla se consolida el prado de la Soledad en el lugar donde estaban antes unas albinas, lo que supone el traslado del puerto y sus actividades anejas como el Astillero al sitio donde hoy está la venta del Mellizo y el actual pasaje de barcas junto al pueblo de Coria. No obstante ya desde aprox. 1850 se instala en al zona del antiguo puerto una importante fábrica de regaliz destinado a la exportación hacia el Norte de Europa, por lo que se establecen allí unos muelles de madera destinados al servicio de la fábrica. Este muelle decaería a principios del s. XX con el cierre de la citada fábrica de regaliz que estaba vinculada con Zaragoza, de donde procedían también como gestores de la fábrica la familia Delmás. El puerto fluvial con su muelle en el sitio de los Malecones progresivamente iría trasladando su actividad al puerto situado junto a la Venta del Mellizo, donde se establecería finalmente el pasaje de barcas a cargo del municipio.
En el último cuarto del s. XIX se establece una fábrica de Harinas con máquina de vapor y chimenea de la familia Fernández Santacruz en la calle que va a Sevilla (hoy Avenida Andalucía) y a su vez los antiguos Astilleros de la Junta de Obras del puerto se transforman en almacén de maderas, lo que exige la instalación a su vez de otro muelle de madera o pantalán de tres patas del que existe constancia ya en 1873 junto a la Venta del Mellizo que ha subsistido hasta finales de los años 1960.


A finales del s. XIX y ppios. del s. XX los barcos de vapor que iban desde Sevilla a Sanlucar de Barrameda y los Puertos-Cádiz. hacían un alto en Coria donde desde una canoa se embarcaban pasajeros. En Coria había una oficina de expedición de billetes para el "vapor" de la línea hacia el mar y para el vapor diario de Coria a Sevilla (muelle de la Sal)
BIBLIOGRAFIA
Rueda Germán et al. “las principales ciudades portuarias en la España del siglo XIX”. IX Congreso Internacional de la Asociación Española de Historia Económica
Grau Galve Juan “La Milicia Urbana y los ataques ingleses a las costas de Cadiz” Blog Cuadernos de Casa Alta de Juan sin Tierra (http://cuadernosdecasaalta.blogspot.com.es/2012/05/juan-sintierra-la-milicia-urbana-y-los.html)
Grau Galve Juan "LOS RIOS Y PUERTOS DE LA MARISMA DE SEVILLA EN EL ANTIGUO RÉGIMEN" Blog Cuadernos de Casa Alta de Juan sin Tierra (http://cuadernosdecasaalta.blogspot.com.es/2012/10/juan-sintierra-los-rios-y-puertos-de-la.html)


Juan de Mal Lara “Recebimiento que hizo la muy noble y muy leal Ciudad de Sevilla, a la C.R.M. del Rey D. Phelipe (1570).



Valencia Japón Víctor" Vida y oscuros negocios del general de La Flota de Indias Alonso de Chaves y su hijo, Don pedro Galindo de Abreu, en la Coria del siglo XVII" Rev. Azotea nº 18 Ayuntamiento de Coria del Río (2014)

31.Mes De Los Difuntos.

El Mes de los Difuntos: costumbres de Noviembre en Coria del Río durante en el s. XIX

Durante el mes de noviembre la Iglesia Católica recuerda de manera especial a los Difuntos, personas que han partido de este mundo para pasar a la vida eterna, animando a ofrecer oraciones y sacrificios por su salvación eterna si es que están aún purgando sus pecados en vida en el lugar o estado de “Purgatorio” . La Iglesia cree que en el purgatorio, el alma sufre en preparación al cielo y anima a rezar por quienes están allí, si es que en vida no han sido purificados aun en el amor de Dios de sus mayores faltas, para luego pasar al cielo. La celebración sucede durante el otoño para simbolizar al difunto con la muerte de la naturaleza representada en las hojas caídas de los árboles y la transición del verano al invierno.
El primer día del mes de noviembre la Iglesia celebra la Fiesta de Todos los Santos para recordar a cuantos de manera anónima gozan de la presencia de Dios (los Santos). El segundo día del mes, en la conmemoración de todos los Fieles Difuntos, y por tanto también el día de las Animas Benditas del Purgatorio. El día 1 de Noviembre es una fiesta de alegría por Todos los Santos que ya gozan de la compañía eterna de Dios, mientras el siguiente Día de los Difuntos es un día de conversión, de reflexión, de dolor teñido de esperanza por el rescate de las almas que aún no gozan de la presencia de Dios en el Cielo. Por extensión el resto del mes de noviembre es el Mes de los Difuntos, un mes para recordar las almas de los muertos todavía “estado de purificación”, así como las almas de los santos que han logrado el cielo. La Iglesia invita a los cristianos a tributar nuestro recuerdo, a rezar por los que nos han precedido y han compartido sus vidas con nosotros. Ellos fueron bautizados e incorporados a la Iglesia aunque separados hoy temporalmente de nosotros por la muerte, pueden estar necesitando de nuestra ayuda por la oración y sufragios ofrecidos por ellos, al mismo tiempo los difuntos pueden ser nuestros intercesores ante el Señor.
En este tiempo tomaba un gran protagonismo la Cofradía de la Animas Benditas del Purgatorio, sus rosarios y rituales, representada en Coria del Río por una agrupación de fieles devotos.
Vamos a tratar de las costumbres de estas fechas de Noviembre. En la última semana de octubre los monaguillos acudían a las diferentes casas del pueblo con grandes canastas pidiendo los llamados 'tosantos', que no eran otra cosa que pan, embutidos y otras dádivas, donde no podían faltar los frutos del otoño, como castañas, nueces, higos secos, granadas, membrillos y algún que otras veces el fruto rojo del madroño o las dulces azofaifas. Eran obsequios que los monaguillos compartían con el sacristán y que tenía por objeto compensarles del trabajo extraordinario de estar tocando durante toda la noche del día uno y todo el día 2 de noviembre por los difuntos. Por otra parte en Noviembre la Cofradía de las Ánimas organizaba en diversas ocasiones el Rosario de Ánimas.
El día de Todos los Santos el 1 de Noviembre era un día de celebración festiva precedido las visperas como era habitual para las grandes ocasiones por el repique general de todas las campanas. Ya en el día de Todos los Santos que no se trabajaba por la mañana la gente acostumbraba ir de gira al campo a comer, sin embargo al caer de la tarde la gente acostumbraba a poner un farol o una vela protegida del viento toda la noche en las ventanas de las casas en señal de duelo y recuerdo de sus difuntos. En ese mismo momento es decir en la víspera del día de los Difuntos después del rezo de la Novena de Ánimas ya salía el Rosario de Animas recorriendo las calles del pueblo. El cortejo hacía estación a retablos callejeros de ánimas, cruces e incluso al cementerio. El cortejo se organizaba desde principios del siglo XVIII estaba presidido por un cura junto al Simpecado de la cofradía, morado con un lienzo en el centro representando las Ánimas Benditas. En este rosario no había más instrumento que unas campanillas que tañía el coro de los cofrades que iba en medio del cortejo. También durante el rosario el coro cantaba responsos y coplas sobre el tema de la muerte, mientras otros cofrades pedían limosnas al pueblo que presenciaba el cortejo. El Rosario se celebraba durante los nueve días de la Novena de Difuntos u otros días señalados del mes de Noviembre en particular los lunes. El día posterior a la Novena, es decir a partir del diez de noviembre se celebran por la mañana (como siempre era costumbre hacer las misas) tantas misas en sufragio de las ánimas como se pudiese según la limosna recaudada en los Rosarios de los días anteriores. El Rosario de Animas salía en ocasiones en la tarde-noche y otras veces al clarear el día el tras el toque de Oraciones (hora Prima). Los Rosarios callejeros de Ánimas inician a declinar en la segunda mitad del XIX, y a partir de entonces la devoción se limita al interior de la iglesia durante el mes de noviembre, donde se seguían cantando las coplas de Ánimas.
Como hemos indicado el día “Tosantos” era una fiesta tanto religiosa como laica que concluía a la tarde en que empezaba las vísperas del Día de los Difuntos con el doblar de las campanas y las ventanas iluminadas con velas especialmente en las casas donde había fallecido recientemente algun familiar. El Día de Todos los Santos, en cierto modo era un día para celebrar la vida, la tradición mandaba que la gente saliese al campo portando un macuto o canasto con frutas y frutos secos con que pasar el día a esto se le llamaba la “castañá” o “ir a echar los santos”. En cambio desde el anochecer se tocaban las campanas a duelo durante toda la noche y durante el día completo para recordar a todos, el rezo en ese día por los seres queridos que les habían dejado y el deber de honrarlos. A veces para pasar la noche de los Santos se encendían candelas en las calles y plazas alrededor se reunían las familias, allí se asaban sardinas o boniatos y la comida se regaba con mosto, vino dulce o aguardiente. También se hacía una “castañá” o “tostoná” de castañas asadas en el fuego. La gente apenas si dormia esa noche y ya durante el día dos de Noviembre  Día de los Difuntos se acudia a misa especialmente a la primera misa de la mañana al clarear del día que se solía celebrar junto a la Cruz central del Cementerio donde también se encontraba la fosa común del cementerio. A continuación tambien se celebraban otras misas en el interior de la parroquia y ese día la gente solía acudir en masa a visitar las tumbas o nichos de sus seres queridos haciendo un recorrido por todo el cementerio.
Desde que las campanas tocaban a difuntos el ánimo se entristecía. Era ese día dos de Noviembre dedicado a asistir a la misa de difuntos al alba y a continuación visitar en el cementerio, las tumbas de los parientes, enjalbergarlas los más tardíos y decorarlas con flores. Los cultos del día eran tres misas de difuntos por la mañana para que toda la gente pudiese asistir en un momento en que la iglesia se llenaba, la novena con sermón por la tarde, y canto de "lamentos" y responsos. El montaje del altar en el que predominaba el negro con las velas amarilla y delante el túmulo fúnebre imponían una sombría visión que se apoderaba del ánimo de cualquiera. Era un día en que la familia se juntaba, recordaba historia de los antepasados y solía comer reunida unos platos especiales. Era tradición comer migas, poleá y boniatos cocidos y de sobremesa los dulces llamados “buñuelos de viento” y “huesos de santos”.

En Noviembre especialmente en la primera mitad del mes, la Cofradía de las Ánimas organizaba en diversas ocasiones el Rosario de Ánimas. Como hemos indicado el día de Todos los Santos era un día de celebración festiva en el que por la mañana la gente acostumbraba ir de gira al campo a comer, sin embargo al caer de la tarde, es decir en la víspera del día de los Difuntos después del rezo de la Novena de Ánimas ya salía el Rosario de Animas recorriendo las calles del pueblo. El cortejo alumbrándose con velas hacía estación a retablos callejeros de ánimas, cruces e incluso al cementerio. El cortejo se organizaba desde principios del siglo XVIII estaba presidido por un cura junto al Simpecado de la cofradía, morado con un lienzo en el centro representando las Ánimas Benditas. En este rosario no había más instrumento que unas campanillas que tañía el coro de los cofrades que iba en medio del cortejo. En el rosario no se recitaba el Gloria, sino que se cantaba el Réquiem Aeternum. También durante el rosario el coro cantaba responsos y coplas sobre el tema de la muerte, mientras otros cofrades pedían limosnas al pueblo que presenciaba el cortejo. El Rosario se celebraba durante los nueve días de la Novena de Difuntos u otros días señalados del mes de Noviembre en particular los lunes. El día posterior a la Novena, es decir a partir del diez de noviembre se celebran por la mañana (como siempre era costumbre hacer las misas) tantas misas en sufragio de las ánimas como se pudiese según la limosna recaudada en los Rosarios de los días anteriores. El Rosario de Animas salía en ocasiones en la tarde-noche y otras veces al clarear el día el tras el toque de Oraciones (hora Prima). Los Rosarios callejeros de Ánimas inician a declinar en la segunda mitad del XIX, y a partir de entonces la devoción se limita al interior de las iglesias durante el mes de noviembre, donde se seguían cantando las coplas de Ánimas.
El resto del mes de noviembre era frecuente acudir al cementerio para rezar a los difuntos y levar flores nuevas, especialmente crisantemos que la gente cultivaba en sus corrales o en las macetas de sus patios. También la gente encargaba decir misas por sus difuntos en la iglesia o en las ermitas del pueblo (la Soledad, San Juan, la Magdalena o en la capilla del Hospital).

En Coria en el teatro Quevedo en la segunda mitad del s. XIX también representaba la obra “Don Juan Tenorio” (1844) de José Zorrilla por un grupo de actores foráneos o locales. Esta representación u otra de parecida inspiración se hacían por estar muy relacionada con el tema de la muerte y el acto final de la obra indicada tiene lugar en la noche de Todos los Santos. En definitiva el mes de noviembre por el ambiente en que se vivía bien se podía llamar con propiedad, “el mes de los difuntos”.

30. Rítmos Cotidianos

El tiempo y ritmo cotidiano en en el s. XIX en Coria del Río

Hablar del ritmo de vida del pueblo de Coria del Río en el s. XIX es tanto como hablar del ritmo de vida de otros tantos pueblos de carácter agrícola de la Baja Andalucía en ese periodo de tiempo. Así mismo ese devenir del tiempo y de las horas no se diferenciaba notablemente del que se seguía muchos siglos antes desde que Coria se hizo cristiana en el s. XIII.
El ritmo de vida estaba marcado por las campanas de la iglesia que se usaba para avisar no sólo de los distintos acontecimientos religiosos de una localidad, sino para marcar las horas del día que se ajustaban a distintos rezos que señalaban diariamente las campanas de la iglesia de Santa María de la Estrella mediante toques específicos que todo el pueblo conocía. El tiempo tenía para los vecinos dos referentes que se engarzaban; el primero, de carácter físico, era el sol; el segundo, de carácter espiritual, eran las campanas de la iglesia. Así dentro del día, el ritmo de las horas se inspiraba en el de las celebraciones diarias y oraciones y las campanadas de la iglesia se encargaba de recordarlas. Era una época en que el tiempo del pueblo, se marcaba no solo a través de los relojes (de sol naturalmente), sino que sus los diversos toques de la iglesia fijaban el transcurrir de la jornada, de la semana, del año y de la vida, marcando además espacios festivos o de luto. Por otra parte hay que decir que la hora oficial de España se diferencia en la actualidad de la hora solar o verdadera en una hora más en invierno y dos más sobre la solar en el horario de ahorro de luz o horario de verano.
El tiempo se dividía de forma distinta a como se hace ahora con 24 horas de las cuales aproximadamente 12 corresponden a la noche y otras 12 al día. El tiempo se dividía más bien en fracciones de 3h de las actuales, en lo que se llamaban horas canónicas que marcaban el momento de las distintas oraciones. A falta de relojes mecánicos el patrón de medida del tiempo eran el sol y los relojes solares. Esos momentos se ajustaban al transcurrir en ese día del sol, siendo pues esas “horas canónicas” relativas en cada momento a la situación del sol en cada estación del año. Por tanto las aproximadas 12 horas nocturnas, se agrupaban en un periodo de 6 h. desde el atardecer hasta la medianoche y otro de 6 h. desde medianoche hasta el amanecerse. El día en cambio en sus aproximadas 12 horas desde el amanecer se dividía en cuatro periodos de 3 h. cada uno. Por tanto la medida del tiempo era variable según la duración del día y la noche en cada momento del año.
Las “horas canónicas” por las que se regía en general la vida diaria se detallan a continuación:
-La Prima: Era la primera hora después de salir el sol, aproximadamente las seis de la mañana en invierno (las cinco en verano según el horario solar).
-La Tercia: Se trataba de la tercera hora después de salir el sol, es decir, las nueve de la mañana.
-La Sexta: Sexta hora después de salir el sol, las doce del mediodía.
-La Nona: Novena hora, las tres de la tarde (aunque con el tiempo esta hora se avanzó a mediodía marcando así para los laicos la mitad de la jornada de trabajo dividida así más racionalmente en dos partes iguales).
-Las Vísperas: tras la puesta de sol, habitualmente sobre las 18:00 h.
- Las Completas: antes del descanso nocturno, las 21:00
-Los Maitines: Medianoche, las 24:00 h.
-Los Laudes: Las tres de la mañana.

Reloj solar con la división del tiempo según era habitual por influencia de los monasterios en sus "oras canónicas".Suponiendo que el Sol saliera a las 6 de la mañana y se pusiera a las 6 de la tarde, las horas se contaban así: 6 = 1 prima; 7 = 2; 8 = 3; 9 = 4 tercia; 10 = 4; 11 = 5; mediodía 12 = 6 sexta; ya en la tarde 1 = 7; 2 = 8; 3 = 9 nona; 4 = 10; 5 = 11; 6 = 12 vísperas.
Estas “horas canónicas” en que se dividía el día eran conocidas y nombradas así por el común de los vecinos y no sólo por los clérigos, horas que se registraban por medio de las campanas de la iglesia, pues a ellas se ajustaban en sus oraciones los tres clérigos que había en Coria: el cura y los dos beneficiados. En algunos casos en lugar de oración a esa hora correspondía la celebración de una misa.
El encargado de regular los toques así como de abrir y cerrar las puertas de la iglesia era el sacristán que para tal efecto vivía en la misma iglesia. Generalmente sólo se prescindía de tocar los maitines (medianoche) para así no perturbar el descanso nocturno. La duración de los periodos no podían controlarse, porque los toques de prima y completas se hacían coincidir siempre, en cualquier época del año, con el alba y el crepúsculo, y a partir de ellos se computaban el resto de toques, con lo cual sólo en los equinoccios se conseguía, aproximadamente, delimitar fracciones de tiempo homogéneas (12 horas de las actuales para el día y otras tantas para la noche).
En cuanto a lo que podemos llamar tiempo cotidiano la verdad es que entonces se vivía sin preocupaciones por la precisión y sin demasiadas inquietudes por el rendimiento en el trabajo que se ajustaba al ritmo solar. Toda la vida y jornada laboral se ceñía a la luz solar, todo el mundo se levantaba al amanecer y se acostaba poco después del ocaso. Cuenta el conocido escritor Pedro Antonio de Alarcón, describiendo la sociedad De mitad del s. XIX que: “... las personas de su posición continuaban levantándose muy temprano; yendo a la [….] la misa de prima, aunque no fuese día de precepto; almorzando, durmiendo la siesta después de comer [a mediodía]; paseando luego por el campo; yendo al rosario, entre las luces, a su respectiva parroquia; tomando otro chocolate a la [hora de la] oración”
El único sistema de referencia basado en el ritmo solar para medir el tiempo, era el señalado por medio de las campanas de la torre de la iglesia que servía de orientación general a los vecinos. Así se dividía la jornada de acuerdo con los cuatro momentos de oración recordado por las campanas: alba (comienza la jornada), mediodía (la hora de comer) y atardecer (hora de regresar a casa tras el trabajo), acabando con la oración de Ánimas, ya de noche cuando al gente acostumbraba a acostarse. Estos cuatro toques de oración tenían ocasión en las horas canónicas de Prima, Sexta, Vísperas y Completas respectivamente y la gente solía rezar un Avemaría o hacer la “Señal de la Cruz” al toque respectivo de las campanas.Las campanadas señalan y dan aviso de un acto religioso público ordinario que tiene lugar en cualquier momento del año.
Aparte de ello los toques de misas también servían para señalar otros momentos. Las misas se celebraban siempre en la mañana y nunca en la tarde. En efecto las misas se decían se celebraban a diario al alba todos los días y se llamaba también misa de (hora) Prima sobre las seis de la tarde. El motivo de esa hora era el hecho de que la Resurrección de Jesucristo había ocurrido en la mañana antes del alba y que el ayuno eucarístico necesitaba de 12 horas sin comer por lo que se podía cumplir para los comulgantes si ya después de la cena sobre las seis de la tarde en horario solar de invierno no comían más. Esta Misa del Alba tenía lugar a la llamada de las campanas tras el referido toque del Alba y a ella acudían mujeres devotas y aquellos hombres que antes de dirigirse a trabajar en el campo o en su taller, su devoción les invitaba y sus posibles le permitían. Por otra parte en domingos y días de fiesta había otra segunda misa la de “hora tercia” (es decir, 9:00 a.m.) se considerada como Misa Solemne (misa cantada en que acompañan al sacerdote celebrante, el diácono y subdiácono) a la que acudía la gran mayoría del pueblo y en todo caso la mayoría de los fieles a cumplir con el precepto dominical. Esta misa más concurrida recibía el nombre de Misa Mayor, por lo que los toques de la misma anunciaban además en los referidos días a la hora de Tercia. Después de finalizada esta misa la gente usaba pasear en domingo por la calle Larga o en los días festivos del Corpus, Domingo de Ramos, de Resurrección, Natividad de María (8 de Septiembre), etc. acudir a la procesión que le seguía y disfrutar de las Fiestas comprando en un mercadillo ferial. Por último otro toque de campanas de la tarde era antes de la hora de Vísperas (caída de la tarde) era el del Rosario o el de Exposición del Santísimo en ciertos momentos del año. Como hemos señalado las misas incluidos los Oficios de Semana Santa eran todas por la mañana, inclusive la misa del Gallo del 25 de Diciembre se celebraba al alba y existía la costumbre de llevar un gallo a la iglesia que cantaba al despuntar el día para tal ocasión de ahí el nombre de esta misa. Si bien también a partir de un momento indeterminado se celebraba en tal ocasión la Misa de Maitines (medianoche) que acabó llamándose por contagio Misa del Gallo. Durante la Cuaresma para romper el ayuno en la tarde la misa de diario se hacía a la hora nona (misa de nona) que sustituía al misa de tercia, aunque el domingo no era día de ayuno.
Si por la tarde no había culto de misa nunca como ya hemos dicho, sí lo había en ciertas ocasiones de Rosarios y de Cultos de las cofradías (triduos, quinarios o novenas), en esta ocasión también sonaban las campanas marcando la hora de dichos cultos. En particular el rosario se rezaba por la tarde durante todo el mes de mayo, la cuaresma y en la novena de octubre. A la misma hora del a tarde se celebraban los triduos, novenas con sermón y exposición del santísimo que se avisaban con el toque de Manifiesto.

El ritmo de vida estaba marcado por las campanas de la iglesia que se usaba para avisar no sólo de los distintos acontecimientos religiosos de una localidad, sino para marcar las horas del día que se ajustaban a distintos rezos que señalaban diariamente las campanas de la iglesia de Santa María de la Estrella mediante toques específicos que todo el pueblo conocía
La iglesia parroquial de Santa María de la Estrella tenía primitivamente una pequeña torre adosada al ábside posiblemente con sólo dos o tres campanas pequeñas, sin embargo en 1777 se construyó la actual torre campanario de estilo barroco para cuatro campanas. La campana grande o gorda (Tan), la mediana (Ten) y la tercera (Tin) eran tocadas con golpeo de badajo desde debajo de la torre o desde la casa del sacristán (con habitación por donde pasaban las sogas) y de esta manera los toques marcaban las oraciones y con ello las horas, aunque también las defunciones, las misas ordinarias o solemnes y de las festividades etc..
Cuando en Coria aún no existía la Casa de Cabildos, como lugar de reunión para los ediles del Concejo, los vecinos eran convocados a las reuniones o plenos del Concejo “a son de campana tañida” congregándose los vecinos en el pórtico o en el porche de la iglesia parroquial para la toma de decisiones importantes y sobre todo para la elección anual de concejales y alcaldes.

En el siglo XVI se consiguen los medios técnicos necesarios mediante relojes mecánicos para llegar a controlar la división del día en 24 horas invariables y hacer público el paso del tiempo mediante las campanadas realizadas en las grandes ciudades mediante un reloj civil que controlaba mejor el tiempo de sus habitantes. Eso como digo sería el reloj del Ayuntamiento de las ciudades como Sevilla, por lo que es en Coria no será hasta la tardía fecha de 1799 cuando la villa disponga de la “hora civil” que poco a poco iría desplazando a las “horas canónicas” marcadas desde la torre de la Iglesia. En efecto faltando escasamente un año para entrar en la centuria de 1800 se aprueba la construcción de un campanario de una sola campana en el Ayuntamiento y se comprar un reloj para el mismo por importe de 31.495 rs.. Desde entonces la famosa “esquina del reloj” marca las horas “civiles” del día con sus toques de las doce horas y las medias. Desplazando así al campanario de la Iglesia en su función de regular el ritmo de la vida cotidiana de Coria ya desde el s. XIX. El reloj del Ayuntamiento tenía poca precisión y se estropeaba con frecuencia por lo que un relojero venido de Sevilla tenía que hacer periódicamente arreglos al mismo.

29. Auge y Declive Del Puerto De Sevilla

Auge y declive del Puerto de Sevilla (s. XVI-XIX) con su consiguiente influencia en Coria

El auge y declive del puerto de la ciudad de Sevilla ha influido directamente en Coria entre los s. XVI-XIX y por eso en esta entrada vamos a incidir sobre este punto.
A partir del descubrimiento de América en 1492, la baja Andalucía, sus puertos y sus costas se convirtieron en un centro geoestratégico y comercial de cara a las nuevas tierras que pasaron a manos de la corona española. Se constituye el complejo portuario Cádiz-Sevilla, motor y meta del comercio americano. América se constituye en salvación, mercado y proyección de Andalucía Occidental, no obstante anteriormente ya en el S.XV Sevilla era el principal puerto español de comercio con Inglaterra, Italia y Flandes.
La explotación de las Indias, propiciada a través del tráfico colonial, exigía un magno sistema organizativo, tan amplio como efectivo, capaz de canalizar toda esa oleada de prosperidad que venía a España y que llegaría a ser uno de los pilares básicos de la economía española durante poco más de tres siglos. Por ello se creó en 1503 la Casa de Contratación ubicada en Sevilla, como instrumento estatal para monopolizar y supervisar la Carrera de Indias. En cierto modo Sevilla se constituía en “puerto de mar” pero al resguardo de previsibles ataques de las flotas enemigas de España y de este modo Coria por su situación junto al río Guadalquivir, junto al meandro de la Merlina punto de parada obligada de las naves en un “puerto secundario”. Por tanto frente a Cádiz que entonces era un pequeño puerto con escasa población, Sevilla cumplía con el requisito prioritario de la seguridad que ofrecía su puerto de navegación fluvial ante los previsibles ataques de piratas y corsarios. Esta era una cuestión que Cádiz no podía garantizar, habida cuenta de la fragilidad de sus defensas, como lo puso de manifiesto el saqueo angloholandés en 1596 En esa época Sevilla contaba con unos 45.000 habitantes mientras Cádiz no alcanzaba ni la tercera parte de dicha cifra .En el año 1509 Cádiz adquiere el derecho de registrar las naves de Indias y más tarde el de desembarcar productos de las Antillas. En 1535 se fundó el Juzgado de Indias que permitía eludir parcialmente el control que ejercía la Casa de Contratación de Sevilla en el comercio con las Indias. Desde la mitad del XVI Sevilla es incapaz de abastecer la demanda americana y en Sevilla se importan productos manufacturados de Europa que desde Sevilla salían hacía América y los mercaderes sevillanos se constituyen en intermediarios.
A partir de 1566 el puerto de Sevilla no permite la entrada de barcos muy grandes y estos iban a Cádiz, además desde Cádiz se exportaba todo el vino que se consumía en América, todo esto hace que Sevilla pierda su hegemonía y que ese poder lo vaya cogiendo progresivamente Cádiz, de manera que a comienzos del XVIII la casa de la contratación se va a Cádiz y se produce el declive del puerto de Sevilla. Desde 1680 aprox. los galeones que procedían de las Indias no llegan a Sevilla sino sólo a Cádiz donde se produce el alijo a urcas más apropiadas par ala navegación fluvial, así Sevilla, cada vez más, quedaba relegada a una función meramente administrativa. Es precisamente el 12 de mayo de 1717 cuando Felipe V ordena el traslado de la Casa de Contratación a Cádiz. Esta medida no fue más que la consecuencia lógica del progresivo hundimiento del comercio sevillano y de su antepuerto, Sanlúcar de Barrameda, ante el paulatino crecimiento gaditano, que fue reforzando su posición en ese complejo monopolístico. Toda la opulencia que trajo el descubrimiento de América a Sevilla tuvo su fin con la crisis económica que afectó a toda Europa en el s. XVII y el traslado de la Casa de Contratación a Cádiz que motivó el desvío del comercio a esta ciudad, con ello se da el declive de Sevilla y la eclosión de Cádiz.
A partir de es
En 1777 la nueva mentalidad liberalizadora de Carlos III dio al traste con este monopolio gaditano, estableciéndose la libertad de puertos con América. Fue una dura decisión para la ciudad, cuyo declive económico se vería agudizado por las guerras contra Inglaterra y, luego, con los brotes independentistas americanos.
Durante los años de las Cortes, Cádiz se vio sometida a un largo asedio por parte de las tropas napoleónicas. Sin embargo esta circunstancia no afectó a su abastecimiento por mar, gracias a los productos que llegaban a su puerto.
Una vez concluida la Guerra de la Independencia, conforme las noticias de la insurrección americana eran cada vez más inquietantes y la vuelta al absolutismo imponía un claro proteccionismo el tráfico portuario tanto de Cádiz como de Sevilla entrarían en declive. En 1829 Fernando VII decreta el puerto franco para Cádiz y el Puerto de Sevilla se iría beneficiando de las mejoras en las condiciones de navegabilidad del Guadalquivir introducidas por la corta de la Merlina (1795) y la Corta de Borrego (1814) hasta Sevilla con múltiples complicaciones de bajos y zonas de tornos que alargaban el viaje. El siglo XIX supuso un nuevo despertar para la actividad portuaria de Sevilla, pasando a ser su puerto de nuevo el centro de la vida económica de la ciudad. Sin embargo Coria no se benefició de la misma manera que durante los s. XVI-XVII, ya que a partir de la corta de la Merlina los barcos pasaban de largo de nuestro pueblo. Hitos en este auge son la creación en 1814 de la Real Compañía de Navegación del Guadalquivir con el objetivo de modernizar el puerto y la navegabilidad del río, que emprendió varias obras de ingeniería, incluyendo la eliminación del torno de Borrego.
e traslado, Cádiz experimentó grandes mejoras con un crecimiento poblacional que la situó en torno a los 72.000 habitantes y en ella llegaron a establecerse 86 compañías de seguros y 61 corredores de lonja.

Barco de vapor de ruedas como los primeros que navegaron por el Guadalquivir.Entre los vapores de pasajeros todos accionados con paletas, estaban Teodosio, Trajano y Hernán Cortés ( también llamado "El Coriano" pues fue construido en Coria) que unían Sevilla con Cádiz haciendo alto en Coria y Sanlúcar
En Sevilla se produce una notable actividad en sus astilleros para la construcción de los primeros barcos de vapor. El Guadalquivir tuvo como decimos en el siglo XIX, un gran protagonismo mercantil, como cauce utilizado para las comunicaciones fluviales de pasajeros y mercancías entre las diversas localidades de la ribera, tomando como base de partida y llegada el muelle de Sevilla y también el puerto de Sanlúcar de Barrameda. El trayecto lo hacían los barcos de ruedas generalmente, ofreciendo servicios casi a diario en el invierno, entre Sevilla y Sanlúcar. Mientras en los meses de verano se ofrecían servicios de ida y vuelta, con servicios especiales los sábados y domingos con un billete de ida y vuelta, conocidos como “viajes redondos”. En los años 1885-1900, viajaban entre Sevilla y Sanlúcar los vapores San Telmo y Victoria, y entre finales del XIX y primeros lustros del XX, los vapores Margarita, Bajo de Guía, Sanlúcar, Triana y Guadalquivir que hacían de ordinario la línea Sevilla, San Juan de Aznalfarache, Gelves, Huertas del Copero, Coria del Río y Puebla del Río.

Cartel anunciador de la línea de Vapor con alto en Coria que conducía hasta Bonanza en Sanlucar de Barrameda. Desde allí tambien era posible proseguir el viaje hata Cádiz y Puerto de Santa María. La linea "de cercanía"que unía Coria con Sevilla mediante servcio diario de vapor fue suprimida con llegada del tranvía a este pueblo.
Casi todos estos vapores hacían los servicios de veraneantes de fines de semana desde Sevilla a Bajo Guía en los meses estivales. Los vapores partían en la estación fluvial del Altozano (actual bar kiosko de las Flores), desde un muelle de madera que estaba junto al puente de Triana, de la parte de la calle Betis.
Hacia 1860 operaban en el puerto sevillano varias compañías de navegación. La famosa compañía Ybarra se crea en 1860 para construir el vapor Itálica, que estableció la línea Sevilla-Bonanza.

28. La Primera Corta Del Guadalquivir (3)

LA PRIMERA CORTA DEL GUADALQUIVIR: LA DE MERLINA (1794). (III) DESLINDE DE LOS TERRENOS QUEDADOS EN SECO TRAS LA CORTA DE MERLINA.

Adaptado del artículo “Scipion Perosini, ingeniero: autor de la primera corta del Guadalquivir. La de Merlina (Dos Hermanas 1794)”. Pedro Sánchez Núñez. Rev. Feria Dos Hermanas (2012).
Por ello agradezco la gentileza de su autor Pedro Sánchez Núñez de permitir engarzar en este blog tan brillante trabajo histórico que es una preciosa alhaja del que vamos a poder disfrutar los internautas.
Ejecutada la Corta de la Merlina, quedó en seco el antiguo meandro, formando
lo que aún se conoce como “Río Viejo”, que es visible y no es otra cosa que el
antiguo cauce del Guadalquivir antes de ejecutar la corta. En un documento de
la Junta de Obras del Puerto se recoge el deslinde de terrenos secos
efectuados en 1825 es decir 30 años después de la Corta ( Archivo Moderno
de la Dirección Facultativa, Carpeta núm. 24, Capítulo 3º, Artículo 14,
Expediente 2 de Deslinde de terrenos.)

Plano del deslinde de tierras tras la Corta de la Merlina copiado a mano por
Pedro Sánchez Núñez a partir de un antiguo proyecto que se conserva en los
archivos de la Junta de Obras del Puerto de Sevilla, cuyo autor fue Antonio
Mario Álvarez Benavides (Nota 1)(en Sevilla a Junio de 1825 que refleja el estado del
terreno en mayo del mismo año)
Leyenda del plano


Señalamiento de accidentes geográficos y lotes de terrenos no afectados por el deslinde:
1- Cauce Antiguo del Rio
2- Caserío y Tierras del cortijo del Sequero
3- Tierras de Propios del Concejo de Coria del Río
4- Tierras de particulares
5- Tierras del cortijo de Don Alvaro (Bastero del Marqués de Rivas, Prior del
Consulado)
6- Tierras de Propios del Concejo de Coria del Río
7- Cortijo, Hornos y vereda del Barrero
8- Tierras de varios particulares
9- Huerta del Padre Juan
10- Islote y Tierras del Copero (no confundir con otro islote mayor = Isla del
Copero/Garza)
11- Tierras de particulares
12- Caño de la Rabona
13- Caño que se introduce en el Caño Antiguo
Terrenos afectados por quedar en seco y reclamados por el Consulado de Sevilla (en 1794) -Compañía de Navegación (en 1825):
A- Tierras pertenecientes a Dª Teresa Varó [entre] ambos lados del cauce
B- Tierras baldías en el día que estaban en el mismo cauce
C- Parte de las Playas del Barrero que bañaba el río antes del corte
D- Malecones del Rio
E - Parte de las Playas del Barrero en seco antes del corte
F – Parte de la embocadura del río correspondiente al antiguo cauce
G- Río Guadalquivir
Fue el agrimensor Sr. Álvarez Benavides quien en 1825 efectúa el
deslinde de los terrenos englobados dentro del meandro, diseña un plano del
que presentamos una copia manual y así lo describe:
Lindan las tierras del cauce antiguo del Guadalquivir por su orilla o margen izquierda, según que entraban en el las aguas de dicho río antes de ejecutarse el corte de Merlina con tierras calmas de la huerta del Padre don Juan 9 donde principia el término de la villa de Dos Hermanas que llega hasta la mitad de la anchura o latitud del cauce donde hay un mojón de tierra y piedra: continua lindando por dicho término de la villa de Dos Hermanas y con tierras de varios particulares por toda la orilla izquierda del cauce hasta llegar al punto donde el caño o arroyo llamado de la Rabona desaguaba en el río no sabiendo las personas o corporaciones a quienes pertenecen dichas tierras colindantes por no haberse prestado las justicias de Dos Hermanas a asistir a la diligencia ni menos remitido sus peritos. El barranco describe la línea que separa las tierras del cauce de las de los particulares señaladas en el plano con los números 9, 10 y 11 menos en todo el frente del islote que según declaración de los peritos de la villa de Coria y de varios marineros antiguos de la misma estaba seco el canal que media entre el islote y el barranco antes de executarse el corte.
Luego, ya en Coria, linda con el cortijo de D. Alvaro (núm. 5 del plano), propio de doña Manuela Ubilla, tierra de propios (núm. 6 del plano), vereda de servidumbre que se dirige a la dehesa de la Atalaya, cercado de las religiosas de San Clemente el Real de Sevilla, vuelve a lindar con vereda hasta llegar al sitio de los hornos donde principian las playas del Barrero (núm. 7 del plano). Por dichas playas continua lindando con tierras del Convento de San Clemente, otras de los Padres Trinitarios calzados de esta Ciudad, otras de la viuda de Lucas Sánchez, otras de temporalidades, otras de doña Manuela Ubilla, otras de los precitados Padres Trinitarios, otras de la testamentaría de don Manuel La Era, otras de dicha Señora Ubilla y otras del referido convento de San Clemente el Real (núm. 7 del plano). Siguieron por la playa separado las tierras que les parecía estar sin agua y secas antes de la obra. Sigue luego por tierras de la Hermandad del Santísimo de dicha villa, otras de las capellanías de don Manuel y don Pedro Contreras y concluye lindando con tierras de don Mariano Tinao Menor hasta un pedazo de los propios de Coria cambiando bruscamente de dirección para salvar el pedazo F que pertenece al cauce antiguo.
Por la orilla derecha linda con el término de Coria, malecón, tierras de Félix Obrero, otras de la Fábrica de Santa Marina, otras de la Encomienda de Calatrava y otras de los propios de la villa de Coria señaladas [ en el plano] con los números 3 y 4 hasta llegar a la valla del cortijo del Sequero y el Barranco que bordea y linda con propios de Coria, otros de particulares y un pedazo de camino o vereda hasta el malecón y un haza pequeña de un vecino de Coria señaladas [ en el plano] con 2.
Hasta aquí el deslinde del río tras la Corta y deslinde que, según la
incomparecencia de los munícipes nazarenos, no debió ser del agrado de las
justicias de Dos Hermanas, villa a la sazón bajo la jurisdicción del Marqués de
Dos Hermanas.

Comentario al plano y al deslinde

El deslinde según se describe se hizo bordeando en sentido horario las márgenes izquierda del antiguo meandro de la Merlina desde la Huerta del Padre Juan o de la Merlina, hasta el otro extremo donde se halla el cortijo de Barrero junto al río. Luego sobre la margan izquierda del Brazo de aguas muertas del río en sentido antihorario desde el malecón que se construyo para delimitar el canal que se debía excavar para hacer la corta hasta el antiguo puerto de la Dehesilla que confrontaba en orilla opuesta con el puerto de la Melina. El plano ejecutado señala con líneas rayadas oblicuas las dehesas de matorral o encinas destinadas al ganado.
El Consulado Marítimo y Terrestre de Sevilla se creó en 1784 precisamente para entender de todo lo relacionado con el río y su gobierno, en particular sufragó y dirigió la obra de la Corta de la Merlina. Por eso en 1794 el Consulado ya reclama la propiedad de los terrenos que quedasen en seco. Esta institución sería más tarde sustituida por la Compañía de Navegación del Guadalquivir (creada en 1815 para emprender la corta de Borrego y sucedida por la Junta de Obras del Puerto en 1870), y así en 1824 acabará recayendo su propiedad en la Compañía de Navegación del Guadalquivir. Por este motivo la Compañía de Navegación del Guadalquivir hizo este deslinde al que se refiere el presente plano para tomar posesión y vender los terrenos ganados al río: una franja de unos 10 Km de largo con un ancho de unos 120 m.
Como dato curioso el Marqués de Rivas (Juan Martín Pérez de Saavedra y Osorio) era Prior del Consulado y por entonces Procurador Mayor de la Ciudad en el momento de la ejecución de la obra de la corta de la Merlina en 1795. Pues bien aparece como se observa atribuida en 1825 a la propiedad del cortijo de Bastero, abastero o administrador de la casa de Rivas, conocido por ello como cortijo de Don Alvaro o como Bastero en la actualidad. Se conoce que la casa de Rivas tenía pues intereses en la zona donde se efectuó la Corta.
En el plano de deslinde se refieren distintos topónimos que merecen un comentario. Entre ellos están los cortijos de Copero al N (Dos Hermanas), mientras en término coriano Bastero y el Sequero (dentro del lazo del meandro) al Este y Barrero pegado al río de menor extensión al O (aunque da nombre a todo un pago). El significado de Sequero indica los terrenos interiores y elevados que se quedaban en seco en las avenidas del Guadalquivir, mientras por el contrario Barrero hace referencia a los que se encharcaban fácilmente (más al SE estaba el pago del Polvero y luego la Cascajera de claro significado). En el paraje de Barrero se cita la presencia de hornos de ladrillo de los que todavía alguno existe.
Junto a la torre de los Cerberos discurría el caño de la Rabona al E y al N se hallaban los bajos de Padre Juan que formaron un islote (aunque ya pegado a tierra un poco antes de hacerse la corta), que pertenecían al cortijo del Copero cuya dueña se deduce que era Dª Teresa Varó que por tener terrenos limítrofes al cauce o por alguna otra causa desconocida se posesionó de lo dejado en seco o tomó compensación de otros terrenos que el río arrebatase anteriormente a su finca . Si bien antes de la Merlina habían otros bajos e isla muy importante que eran los del Copero por estar situados frente al caserío del cortijo y que en mi opinión dieron lugar a la conocida más tarde como Isla de Garza( todavía hoy término de la ciudad de Sevilla).
El interior del meandro fue conocido como la Dehesilla, pero de esta se segregaría en un momento que desconocemos el cortijo del Sequero, quedando el nombre asignado exclusivamente a los terrenos que permanecieron como propios del Concejo de Coria, unos de labor y otros como dehesas. Los terrenos sobre los que se interesa la Compañía eran A, B, A de nuevo, C, D y F. En cuanto a los marcados con A de la leyenda del plano parece deducirse que fueron adquiridos o arrendados anteriormente por Dª Teresa Varó, porque estando en el cauce abandonado ocupan dos franjas interrumpidas. Se observa señalado con D la parte de los malecones (diques de tierra y estructuras de vigas arriostradas que se construyeron para hacer viable la obra de la Corta, por eso este paraje se conocería en la descripción del Diccionario Geográfico de Madoz sobre 1846 como el lugar de los Malecones, de donde partía una barca de pasaje desde Coria para la otra banda del río y enlazar así con lo que se denomina aquí vereda de Barrero paralela al antiguo cauce del río).
En relación a lo anteriormente indicado sobre el hecho de que el paso de la barca estuviese en el referido lugar de los Malecones (conocido también como el Batán en la actualidad) en 1825 fecha del plano que se presenta aquí y continuando en Aquel Lado el camino por la vereda de Barrero esto se debía a la existencia según se deduce de información dada en las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada (1760) en que se indica la existencia de una Antilla frente al pueblo es decir a la altura del rio frente a la Iglesia de la Estrella. Nosotros interpretamos de que se trata de una isleta grande o cordón de islas (el significado de Antilla viene del portugués ante ilha = isla delante de la orilla), que hacían difícil la comunicación para atravesar el río en este punto a barcos de cierto calado (que es en el que se hace hoy en día) debido a la presencia de estos bajos arenosos . Tras la Corta de la Merlina la situación del río Guadalquivir cambió depositándose sedimentos que cubrieron esta Antilla, uniéndose a tierra y por tanto estrechando globalmente el cauce del Guadalquivir, pudo de esta forma originarse en poco tiempo el Prado de Coria o de la Soledad. Con esta razón de ser terrenos espontáneamente ganados al río la Junta de Obras del Puerto de Sevilla (anteriormente Compañía de Navegación) y Ayuntamiento de Coria pleitearon largamente por la propiedad del mismo. Sobre estos terrenos se formó el actual Parque Carlos de Mesa, el estadio Guadalquivir y el Barrio de los Laberintos (en este caso hubo que hacer bastante relleno con escombros ymateriales de derribos).
En pocas palabras la corta de la Merlina modificó notablemete toda la orilla de Coria con el río. En 1847 aunque el paso de barcas dependiente del Ayuntamiento aún estaba en el "sitio de los Malecones" (El Batán) ya había otros dos pasos de barcas a cargo de la iniciativa particular "junto al pueblo" En fechas próximas a 1850 según testimonio de los descendientes se instaló en este lugar, primero como una choza la Venta del Mellizo para luego alrededor de 1900 construirse la edificación actual.
A esta misma conclusión del estrechamiento del río y aparición del Prado de Coria después de la corta de la Merlina que aceleró el proceso llegué por superposición del plano de Mielson de 1720 con otro del vuelo Americano de !956 como indiqué en mi artículo "la Fábrica de Hierro de Coria del Río" publicado en la revista de Feria (Fig. 6).
El paso de barcas del sitio de los Malecones (El Batán) sería ocupado en el s. XIX por el muelle de la Fábrica de Regaliz pero aún en ese punto en los años 1960 se seguían embarcando rebaños de ganado ovejas, caballos y vacas que venían por la C/ Carne y el cordel del Pintado o del Callejón de la Magdalena (véase articulo sobre las vías pecuarias de Coria en este Blog). Con el tiempo se impuso el paso de barca actual junto a la Venta del Mellizo y de Tijeras (actual Discoteca del Parque Carlos de Mesa).




Notas:

( 1) D. Mario Álvarez Benavides, geómetra, agrimensor y apreciador de eredades nombrado por el Real Tribunal del Consulado de Sevilla para deslinde, medida, reconocimiento y aprecio de las tierras de que se compone el cauce antiguo del Guadalquivir llamado “Rio Viejo” las cuales en virtud del Corte de Merlina, ejecutado a expensas de dicho Tribunal, han quedado por la mayor parte en seco y en estado de cultivo habiendo pasado a la inmediata villa de Coria del Río, en cuyo término y en el de Dos Hermanas están situadas dichas tierras”: Junta de Obras del Puerto, Archivo Moderno de la Dirección Facultativa, Carpeta núm. 24, Capítulo 3º, Artículo 14, Expediente 2 de Deslinde de terrenos.

Bibliografía:


“Scipion Perosini, ingeniero: autor de la primera corta del Guadalquivir. La de Merlina (Dos Hermanas 1794)”. Pedro Sánchez Núñez. Rev. Feria Dos Hermanas (2012).



“Coria del Río en el Siglo XVIII según el Catastro de Ensenada”. Juan Manuel Nieto Cortés. Diputación de Sevilla (2004)

27.La Primera Corta Del Guadalquivi (2)

LA PRIMERA CORTA DEL GUADALQUIVIR: LA DE MERLINA (1794). (II) EL PROYECTO Y LA EJECUCION DE LA CORTA DE MERLINA.

Adaptado del artículo “Scipion Perosini, ingeniero: autor de la primera corta del Guadalquivir. La de Merlina (Dos Hermanas 1794)”. Pedro Sánchez Núñez. Rev. Feria Dos Hermanas (2012).
Por ello agradezco la gentileza de su autor Pedro Sánchez Núñez de permitir engarzar en este blog tan brillante trabajo histórico que es una preciosa alhaja del que vamos a poder disfrutar los internautas.
Los ingenieros se pusieron finalmente manos a la obra para intentar que las inundaciones no fueran tan regulares y para recuperar la navegabilidad del río, que se había vuelto extremadamente dificultosa. Y llegó el momento de realizar las “cortas”.

Fig. 1 Detalle parcial del Plano de F. Pizarro, Maestro de Matemáticas del Real Seminario de San Telmo, en un proyecto de 1794, que recalcaba las dificultades en la navegación del río “por el enorme bajo que se ha formado en el sitio que llaman de la casa de don Juan y Torre de los Herveros… que amenazaba cortarse por sí solo por la estrechez de la tierra que media entre los dos brazos del río”. Este proyecto no ejecutado proponía para resolver dicho problema la eliminación prioritariadel torno de la Merlina. Foto del plano tomada del original con motivo de la presentación del libro donde tambien aparece: “ Sevilla y su río en el siglo XVIII: un proyecto ilustrado para la mejora del cauce del Guadalquivir” Castillo Martos M., Rodríguez Mateos J., Suárez Japón Juan Manuel. Secr. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012.
Efecto de la Corta de la Merlina y actuación del Consulado de Sevilla (antecedente de la Junta de Obras del Puerto de Sevilla)
            Borja Palomo [1] reseña las inundaciones y riadas causadas a lo largo de varios siglos por las aguas caudalosas del Guadalquivir, y al describir las ocurridas en 1796, dice:
            “No había entonces los obstáculos que hoy existen para que las aguas derramadas por la extensa planicie de las dehesas de Tablada y Tabladilla, tuvieran pronta salida al Guadalquivir huyendo de la ciudad que está más elevada, a una legua después de ella frente a Gelves. Contribuyó a este feliz resultado una utilísima obra hecha poco antes en el gran río por aquella parte, que mejorando sus condiciones para la navegación, facilitaría su rápido desagüe en las frecuentes avenidas. Nos referimos al corte hecho en el torno llamado de Merlina junto a Coria, a costa del comercio de esta Ciudad, que comprendiendo cuánto importaba a sus intereses tener expedito el curso del río, cuyas prolongadas y repetidas vueltas eran causa de continuos riesgos y retardos en el paso de los buques, encomendó la formación del proyecto de tan útil obra al ingeniero hidráulico don Scipion Perosini, que lo ejecutó satisfactoriamente, mereciendo la aprobación del Gobierno; y en su virtud, a costa del mismo comercio y con los auxilios de la Hacienda pública se llevó a cabo la obra, bajo la dirección del mismo ingeniero en el verano del año 1794, haciendo un corte de setecientas varas lineales cerca de Coria, y debiendo quedar el río por aquella parte más de cien varas de anchura por cuatro y media de profundidad”.

Fig. 2 A pesar de que la ejecución de la Corta de la Merlina (1795) y la de Borrego (1816) (ambas en los límites del termino coriano) beneficiaron al desagüe del río Guadalquivir en aguas altas, experimentándose sus efectos positivos en las riadas en Sevilla y en los pueblos ribereños, estas persistieron pero con menor frecuencia como se aprecia en esta imagen tomada en la 2ª mitad del s. XIX cerca del Puente de Triana (se observa que ya no existe el puente de barcas)
Y añade Borja Palomo como comentario final a la inundación causada por el Guadalquivir en 1796: “Esta avenida del Guadalquivir se llevó lo que restaba del gran islote frente a Cartuja, después de las del año 1792, y el corte del río en el torno de Merlina se ensanchó hasta dar paso a grandes urcas, mejorando por esta causa la navegación”.
            Uno de los mejores estudios de estas intervenciones sobre el río se contiene en la obra de Leandro del Moral Ituarte [2], de la que vamos a extraer algunas consideraciones y datos de interés [3]. En efecto, Leandro del Moral puntualiza:
            “Como consecuencia del Decreto de Libre Comercio de 1778 se constituye, seis años después, el Consulado Marítimo y Terrestre de Sevilla. Este sería el impulso institucional que faltaba para poner en marcha el acondicionamiento hidráulico del Guadalquivir: la corta del torno de Merlina. Las obras, dirigidas por Scipión Perosini, consistieron en la apertura de un canal alrededor de 750 varas castellanas (627 metros) de longitud, que ahorraba unos 10 kilómetros de vuelta. Evitaba el paso por los bajos de Torre de los Herberos y Casa del Padre Don Juan en donde los calados no alcanzaban, inmediatamente antes del comienzo de las obras, las 4 cuartas (0,84 metros) en mareas bajas, ni las 21 (2,10 metros) en pleamares ordinarias.
            Sobre la sección de que se dotó al canal no hay tanta seguridad, a causa de las diferentes versiones que se dieron del tema: la anchura superficial debió situarse entre las 60 y las 90 varas (de 50 a 75 metros) y 24 varas en solera (en torno a 20 metros); por su parte, los datos sobre profundidad fluctúan entre las 5 y las 7 varas (entre 4,18 metros y 5,85 metros).
            Las condiciones de navegación, en cualquier caso, atendiendo a la considerable reducción de la travesía así como al notable aumento del calado, indiscutiblemente mejoraron y en ello coinciden tanto el informe final de Perosini como la representación al Rey en 1803 del Marqués de Rivas, Prior del Consulado en el momento de la ejecución de la obra y por entonces Procurador Mayor de la Ciudad, o como los informes de Francisco de Saavedra en 1815.
            También se beneficiaron las condiciones de evacuación del río en aguas altas, experimentándose ya sus efectos positivos en la avenida de noviembre de 1796. Por su parte la de diciembre de ese mismo año contribuyó a ampliar las proporciones de la corta “de resultas de la impetuosidad con que las aguas corrieron por ella”.
            Por último, debió comenzar a manifestarse, aunque todavía no hay conciencia de ello en la época, el influjo positivo de la rectificación sobre la transmisión de las mareas. De esta manera se dio el primer paso en el comienzo de la recuperación de las funciones de estuario por parte de la Ría del Guadalquivir, que en los momentos en los que la obra se ejecutó habían llegado a estar seriamente amenazadas.
            De la experiencia de la corta de Merlina interesa destacar, por su importancia como delimitación de cuestiones que tendrán una proyección en el desarrollo inmediatamente posterior de la intervención hidráulica en la Ría, las siguientes ideas:
            En primer lugar, la modalidad de la financiación, problema crucial en la génesis del proyecto y en la caracterización de las condiciones que en su momento lo hicieron posible. Las Reales Resoluciones y Órdenes sobre obras en el Guadalquivir de 1783 habían establecido, de entrada, la premisa de que la financiación de tales obras no podía venir a gravar la Real Hacienda. A partir de ese punto se inició un movimiento, protagonizado por el asistente López de Lerena, tendente a enajenar bienes concejiles – las Islas Mayor y Menor del Guadalquivir – para obtener fondos. Esta propuesta fue impugnada con éxito por los “criadores de ganado de Sevilla y de las villas comuneras”. Diez años después, una buena situación de tesorería del Consulado de Sevilla permitió acometer la obra, que se ejecutó entre los años 1794 y 1795.
            En segundo lugar, conviene destacar la aparición del conflicto de intereses entre los ganaderos y los sectores más directamente beneficiados por la realización de la corta, esto es, el comercio de la ciudad. No solo por la ya mencionada oposición a la enajenación de los terrenos de pastos de las islas del Guadalquivir (uno de los temas centrales del proceso de intervención sobre los espacios hidráulicos a lo largo del siglo siguiente) sino por el enfrentamiento sobre el propio terreno del torno que se trataba de eliminar. En efecto, durante la misma ejecución de las obras se plantearon problemas en relación con el tránsito del ganado que si pueden parecer anecdóticos, en el fondo se referían al tema crucial del dominio de unos espacios hasta ese momento no disputados.
            En tercer lugar, y en relación con éste último dato aparece el problema de la propiedad de los terrenos dejados en seco que, aparte de la relativa importancia que en sí mismo pudiera tener un ancho cauce de 10 kilómetros de longitud, prefigura una de las vías de retribución de las futuras empresas de acondicionamiento del cauce. En 1797 el propio Consulado reclama su propiedad que acabará recayendo, veinte años más tarde, en la Compañía de Navegación del Guadalquivir cuando ésta realice con éxito algunas obras para cegar lo que ya por entonces se llamaba el Brazo de Aguas Muertas frente a Coria…”.
Ejecución de la Corta de la Merlina
El Consulado de Sevilla se creó el 24 de noviembre de 1784 precisamente para entender de todo lo relacionado con el río y su gobierno. En 1794, cuando se acometió la obra de la Corta de Merlina, era Prior del Consulado el Marqués de Rivas y Cónsules don Domingo José Urruchi y don Joaquín de Goyeneta, éste último Caballero Veinticuatro y Procurador Mayor de la Ciudad de Sevilla además de gran benefactor de Dos Hermanas en cuya Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena existe una lápida agradeciéndole su generosidad.
Francisco Pizarro, Maestro de Matemáticas del Real Seminario de San Telmo, en un informe fechado a 13 de julio de 1794 [4], reiteraba las dificultades en la navegación del río “por el enorme bajo que se ha formado en el sitio que llaman de la casa de don Juan y Torre de los Herveros… que amenazaba cortarse por sí solo por la estrechez de la tierra que media entre los dos brazos del río”. Presentaba un proyecto para acometer las obras de cortas del río muy detallado que se centraba en la eliminación del torno de la Merlina, pero que no se llegó a ejecutar por falta de financiación en ese momento.

Fig. 3 Fragmento del plano (véase la cita de op.cit. Fig.1), adaptación donde se obserba la zona donde se efectuón la corta de la Merlina. De derecha a izquierda Huerta de la Merlina con recuadros grises oscuros (Punta de la Merlina), dos Hornos de ladrillos frente a la punta de Coria, de la otra parte del río la "Hermita de la Magdalena", un cerro (se traza un camino posiblemente la Cañada del Cerro del Cura), el camino de Coria (hacia el pueblo por el Callejón de la Magdalena, actual comienzo de la C/Batán).
Más tarde decidida la ejecución de la Corta de Merlina, se presentaron nuevamente varios proyectos para realizar la obra: Manuel Bernardo Mateos proponía ejecutar 298.890 varas de excavación con un costo de 1.167.780 reales de vellón. Félix Caraza presupuestaba una obra con 172.813 varas con un presupuesto muy complejo que valoraba en 259.220 reales y 8 maravedís y medio, calculando una duración de la obra de 60 días útiles empleando “220 peones de primera fatiga, 460 comunes y zagalones ó 120 acémilas menores en su lugar”. Otro proyecto proponía ejecutar 365.310 varas cúbicas de excavación para la corta, con una duración de 90 días empleándose 406 hombres “regulando a cada uno de trabajo cada día 10 varas cúbicas solo en mover la tierra.. y para traer la tierra “tres hombres por cada cavador, o sea 1218 porteadores”, con un costo total de 908.417 reales con 22 maravedís.
La obra que finalmente se ejecutó con el proyecto de Scipión Perosini comenzó el 27 de septiembre de 1794 y finalizó a satisfacción de todos el 10 de diciembre de 1795 y consistió en el corte del río, enderezándolo por donde se estrechaba el meandro mediante un canal de 627 metros de longitud con lo que se ahorró una vuelta de 10 kilómetros. La obra final no difería en lo substancial de la propuesta anteriormente por Francisco Pizarro. La 'corta de Merlina' terminó con el famoso dicho marinero de la época de “Coria de día, Coria de noche” que citaban con ironía los navegantes, que tardaban 23 horas en recorrer el enorme meandro. La corta de Merlina ahorró mucho tiempo y acortó la distancia entre Sanlúcar de Barrameda y Sevilla. Después vendrían otras ocho más hasta dejar el dibujo del río como lo conocemos en la actualidad. Un río 'recortado' alrededor de 50 kilómetros por el hombre y 'controlado'.
NOTAS
[1] Francisco de B. Borja y Palomo, Historia crítica de las riadas y grandes avenidas del Guadalquivir desde su Reconquista hasta nuestros días, Ed. Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 1978, reed. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla, Sevilla 1984, p.437 - 450.
[2] Leandro del Moral Ituarte, La obra hidráulica en la cuenca baja del Guadalquivir (siglos XVIII-XX): Gestión del agua y organización del territorio (Universidad de Sevilla – Consejería de Obras Públicas y Transportes – Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación: Colección Kora, Sevilla 1991)
[3] Francisco José Barragán de la Rosa, profesor del Departamento de Química Analítica de la Universidad de Sevilla, en el trabajo titulado La fábrica de hierro (Coria del Río) alude a un primer proyecto de Corta preparado por Alberto Mielson en 1720. Estudio concreto de la Corta en Notas para la Geo-Historia del Bajo Guadalquivir: la corta de Merlina (1795), de Juan Manuel Suárez Japón, en Anales de la Universidad de Cádiz núm. 2, 1985, pp. 295-310. También hay referencias en: Los Comuneros sevillanos, de Fernando J. Campese Gallego, editado por “Fabiola de Publicaciones Hispalenses” (Fabiola 7 Sevilla, Tel. 954 562486). También: El Guadalquivir y la transformación urbana de Sevilla (siglos XVIII-XX), de Leandro del Moral Ituarte.
[4] Consulado de Sevilla, Expediente sobre la Corta del río en el torno de Merlina, Carpeta 23 núm. 30, año de 1794, Archivo Moderno de la Dirección Facultativa de la Junta de Obras del Puerto de Sevilla. Es de lamentar que pese a las innumerables gestiones realizadas, no hemos podido volver a consultar este importante documento, que incorporaba unos planos interesantísimos, para completar la información inicial que obtuvimos hace ya más de 20 años, en las oficinas de la Junta del Puerto de Sevilla.
Bibliografía:
“Scipion Perosini, ingeniero: autor de la primera corta del Guadalquivir. La de Merlina (Dos Hermanas 1794)”. Pedro Sánchez Núñez. Rev. Feria Dos Hermanas (2012).

“ Sevilla y su río en el siglo XVIII: un proyecto ilustrado para la mejora del cauce del Guadalquivir” Castillo Martos M., Rodríguez Mateos J., Suárez Japón Juan Manuel.. Secr. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012