sábado, 25 de octubre de 2014

27.La Primera Corta Del Guadalquivi (2)

LA PRIMERA CORTA DEL GUADALQUIVIR: LA DE MERLINA (1794). (II) EL PROYECTO Y LA EJECUCION DE LA CORTA DE MERLINA.

Adaptado del artículo “Scipion Perosini, ingeniero: autor de la primera corta del Guadalquivir. La de Merlina (Dos Hermanas 1794)”. Pedro Sánchez Núñez. Rev. Feria Dos Hermanas (2012).
Por ello agradezco la gentileza de su autor Pedro Sánchez Núñez de permitir engarzar en este blog tan brillante trabajo histórico que es una preciosa alhaja del que vamos a poder disfrutar los internautas.
Los ingenieros se pusieron finalmente manos a la obra para intentar que las inundaciones no fueran tan regulares y para recuperar la navegabilidad del río, que se había vuelto extremadamente dificultosa. Y llegó el momento de realizar las “cortas”.

Fig. 1 Detalle parcial del Plano de F. Pizarro, Maestro de Matemáticas del Real Seminario de San Telmo, en un proyecto de 1794, que recalcaba las dificultades en la navegación del río “por el enorme bajo que se ha formado en el sitio que llaman de la casa de don Juan y Torre de los Herveros… que amenazaba cortarse por sí solo por la estrechez de la tierra que media entre los dos brazos del río”. Este proyecto no ejecutado proponía para resolver dicho problema la eliminación prioritariadel torno de la Merlina. Foto del plano tomada del original con motivo de la presentación del libro donde tambien aparece: “ Sevilla y su río en el siglo XVIII: un proyecto ilustrado para la mejora del cauce del Guadalquivir” Castillo Martos M., Rodríguez Mateos J., Suárez Japón Juan Manuel. Secr. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012.
Efecto de la Corta de la Merlina y actuación del Consulado de Sevilla (antecedente de la Junta de Obras del Puerto de Sevilla)
            Borja Palomo [1] reseña las inundaciones y riadas causadas a lo largo de varios siglos por las aguas caudalosas del Guadalquivir, y al describir las ocurridas en 1796, dice:
            “No había entonces los obstáculos que hoy existen para que las aguas derramadas por la extensa planicie de las dehesas de Tablada y Tabladilla, tuvieran pronta salida al Guadalquivir huyendo de la ciudad que está más elevada, a una legua después de ella frente a Gelves. Contribuyó a este feliz resultado una utilísima obra hecha poco antes en el gran río por aquella parte, que mejorando sus condiciones para la navegación, facilitaría su rápido desagüe en las frecuentes avenidas. Nos referimos al corte hecho en el torno llamado de Merlina junto a Coria, a costa del comercio de esta Ciudad, que comprendiendo cuánto importaba a sus intereses tener expedito el curso del río, cuyas prolongadas y repetidas vueltas eran causa de continuos riesgos y retardos en el paso de los buques, encomendó la formación del proyecto de tan útil obra al ingeniero hidráulico don Scipion Perosini, que lo ejecutó satisfactoriamente, mereciendo la aprobación del Gobierno; y en su virtud, a costa del mismo comercio y con los auxilios de la Hacienda pública se llevó a cabo la obra, bajo la dirección del mismo ingeniero en el verano del año 1794, haciendo un corte de setecientas varas lineales cerca de Coria, y debiendo quedar el río por aquella parte más de cien varas de anchura por cuatro y media de profundidad”.

Fig. 2 A pesar de que la ejecución de la Corta de la Merlina (1795) y la de Borrego (1816) (ambas en los límites del termino coriano) beneficiaron al desagüe del río Guadalquivir en aguas altas, experimentándose sus efectos positivos en las riadas en Sevilla y en los pueblos ribereños, estas persistieron pero con menor frecuencia como se aprecia en esta imagen tomada en la 2ª mitad del s. XIX cerca del Puente de Triana (se observa que ya no existe el puente de barcas)
Y añade Borja Palomo como comentario final a la inundación causada por el Guadalquivir en 1796: “Esta avenida del Guadalquivir se llevó lo que restaba del gran islote frente a Cartuja, después de las del año 1792, y el corte del río en el torno de Merlina se ensanchó hasta dar paso a grandes urcas, mejorando por esta causa la navegación”.
            Uno de los mejores estudios de estas intervenciones sobre el río se contiene en la obra de Leandro del Moral Ituarte [2], de la que vamos a extraer algunas consideraciones y datos de interés [3]. En efecto, Leandro del Moral puntualiza:
            “Como consecuencia del Decreto de Libre Comercio de 1778 se constituye, seis años después, el Consulado Marítimo y Terrestre de Sevilla. Este sería el impulso institucional que faltaba para poner en marcha el acondicionamiento hidráulico del Guadalquivir: la corta del torno de Merlina. Las obras, dirigidas por Scipión Perosini, consistieron en la apertura de un canal alrededor de 750 varas castellanas (627 metros) de longitud, que ahorraba unos 10 kilómetros de vuelta. Evitaba el paso por los bajos de Torre de los Herberos y Casa del Padre Don Juan en donde los calados no alcanzaban, inmediatamente antes del comienzo de las obras, las 4 cuartas (0,84 metros) en mareas bajas, ni las 21 (2,10 metros) en pleamares ordinarias.
            Sobre la sección de que se dotó al canal no hay tanta seguridad, a causa de las diferentes versiones que se dieron del tema: la anchura superficial debió situarse entre las 60 y las 90 varas (de 50 a 75 metros) y 24 varas en solera (en torno a 20 metros); por su parte, los datos sobre profundidad fluctúan entre las 5 y las 7 varas (entre 4,18 metros y 5,85 metros).
            Las condiciones de navegación, en cualquier caso, atendiendo a la considerable reducción de la travesía así como al notable aumento del calado, indiscutiblemente mejoraron y en ello coinciden tanto el informe final de Perosini como la representación al Rey en 1803 del Marqués de Rivas, Prior del Consulado en el momento de la ejecución de la obra y por entonces Procurador Mayor de la Ciudad, o como los informes de Francisco de Saavedra en 1815.
            También se beneficiaron las condiciones de evacuación del río en aguas altas, experimentándose ya sus efectos positivos en la avenida de noviembre de 1796. Por su parte la de diciembre de ese mismo año contribuyó a ampliar las proporciones de la corta “de resultas de la impetuosidad con que las aguas corrieron por ella”.
            Por último, debió comenzar a manifestarse, aunque todavía no hay conciencia de ello en la época, el influjo positivo de la rectificación sobre la transmisión de las mareas. De esta manera se dio el primer paso en el comienzo de la recuperación de las funciones de estuario por parte de la Ría del Guadalquivir, que en los momentos en los que la obra se ejecutó habían llegado a estar seriamente amenazadas.
            De la experiencia de la corta de Merlina interesa destacar, por su importancia como delimitación de cuestiones que tendrán una proyección en el desarrollo inmediatamente posterior de la intervención hidráulica en la Ría, las siguientes ideas:
            En primer lugar, la modalidad de la financiación, problema crucial en la génesis del proyecto y en la caracterización de las condiciones que en su momento lo hicieron posible. Las Reales Resoluciones y Órdenes sobre obras en el Guadalquivir de 1783 habían establecido, de entrada, la premisa de que la financiación de tales obras no podía venir a gravar la Real Hacienda. A partir de ese punto se inició un movimiento, protagonizado por el asistente López de Lerena, tendente a enajenar bienes concejiles – las Islas Mayor y Menor del Guadalquivir – para obtener fondos. Esta propuesta fue impugnada con éxito por los “criadores de ganado de Sevilla y de las villas comuneras”. Diez años después, una buena situación de tesorería del Consulado de Sevilla permitió acometer la obra, que se ejecutó entre los años 1794 y 1795.
            En segundo lugar, conviene destacar la aparición del conflicto de intereses entre los ganaderos y los sectores más directamente beneficiados por la realización de la corta, esto es, el comercio de la ciudad. No solo por la ya mencionada oposición a la enajenación de los terrenos de pastos de las islas del Guadalquivir (uno de los temas centrales del proceso de intervención sobre los espacios hidráulicos a lo largo del siglo siguiente) sino por el enfrentamiento sobre el propio terreno del torno que se trataba de eliminar. En efecto, durante la misma ejecución de las obras se plantearon problemas en relación con el tránsito del ganado que si pueden parecer anecdóticos, en el fondo se referían al tema crucial del dominio de unos espacios hasta ese momento no disputados.
            En tercer lugar, y en relación con éste último dato aparece el problema de la propiedad de los terrenos dejados en seco que, aparte de la relativa importancia que en sí mismo pudiera tener un ancho cauce de 10 kilómetros de longitud, prefigura una de las vías de retribución de las futuras empresas de acondicionamiento del cauce. En 1797 el propio Consulado reclama su propiedad que acabará recayendo, veinte años más tarde, en la Compañía de Navegación del Guadalquivir cuando ésta realice con éxito algunas obras para cegar lo que ya por entonces se llamaba el Brazo de Aguas Muertas frente a Coria…”.
Ejecución de la Corta de la Merlina
El Consulado de Sevilla se creó el 24 de noviembre de 1784 precisamente para entender de todo lo relacionado con el río y su gobierno. En 1794, cuando se acometió la obra de la Corta de Merlina, era Prior del Consulado el Marqués de Rivas y Cónsules don Domingo José Urruchi y don Joaquín de Goyeneta, éste último Caballero Veinticuatro y Procurador Mayor de la Ciudad de Sevilla además de gran benefactor de Dos Hermanas en cuya Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena existe una lápida agradeciéndole su generosidad.
Francisco Pizarro, Maestro de Matemáticas del Real Seminario de San Telmo, en un informe fechado a 13 de julio de 1794 [4], reiteraba las dificultades en la navegación del río “por el enorme bajo que se ha formado en el sitio que llaman de la casa de don Juan y Torre de los Herveros… que amenazaba cortarse por sí solo por la estrechez de la tierra que media entre los dos brazos del río”. Presentaba un proyecto para acometer las obras de cortas del río muy detallado que se centraba en la eliminación del torno de la Merlina, pero que no se llegó a ejecutar por falta de financiación en ese momento.

Fig. 3 Fragmento del plano (véase la cita de op.cit. Fig.1), adaptación donde se obserba la zona donde se efectuón la corta de la Merlina. De derecha a izquierda Huerta de la Merlina con recuadros grises oscuros (Punta de la Merlina), dos Hornos de ladrillos frente a la punta de Coria, de la otra parte del río la "Hermita de la Magdalena", un cerro (se traza un camino posiblemente la Cañada del Cerro del Cura), el camino de Coria (hacia el pueblo por el Callejón de la Magdalena, actual comienzo de la C/Batán).
Más tarde decidida la ejecución de la Corta de Merlina, se presentaron nuevamente varios proyectos para realizar la obra: Manuel Bernardo Mateos proponía ejecutar 298.890 varas de excavación con un costo de 1.167.780 reales de vellón. Félix Caraza presupuestaba una obra con 172.813 varas con un presupuesto muy complejo que valoraba en 259.220 reales y 8 maravedís y medio, calculando una duración de la obra de 60 días útiles empleando “220 peones de primera fatiga, 460 comunes y zagalones ó 120 acémilas menores en su lugar”. Otro proyecto proponía ejecutar 365.310 varas cúbicas de excavación para la corta, con una duración de 90 días empleándose 406 hombres “regulando a cada uno de trabajo cada día 10 varas cúbicas solo en mover la tierra.. y para traer la tierra “tres hombres por cada cavador, o sea 1218 porteadores”, con un costo total de 908.417 reales con 22 maravedís.
La obra que finalmente se ejecutó con el proyecto de Scipión Perosini comenzó el 27 de septiembre de 1794 y finalizó a satisfacción de todos el 10 de diciembre de 1795 y consistió en el corte del río, enderezándolo por donde se estrechaba el meandro mediante un canal de 627 metros de longitud con lo que se ahorró una vuelta de 10 kilómetros. La obra final no difería en lo substancial de la propuesta anteriormente por Francisco Pizarro. La 'corta de Merlina' terminó con el famoso dicho marinero de la época de “Coria de día, Coria de noche” que citaban con ironía los navegantes, que tardaban 23 horas en recorrer el enorme meandro. La corta de Merlina ahorró mucho tiempo y acortó la distancia entre Sanlúcar de Barrameda y Sevilla. Después vendrían otras ocho más hasta dejar el dibujo del río como lo conocemos en la actualidad. Un río 'recortado' alrededor de 50 kilómetros por el hombre y 'controlado'.
NOTAS
[1] Francisco de B. Borja y Palomo, Historia crítica de las riadas y grandes avenidas del Guadalquivir desde su Reconquista hasta nuestros días, Ed. Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 1978, reed. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla, Sevilla 1984, p.437 - 450.
[2] Leandro del Moral Ituarte, La obra hidráulica en la cuenca baja del Guadalquivir (siglos XVIII-XX): Gestión del agua y organización del territorio (Universidad de Sevilla – Consejería de Obras Públicas y Transportes – Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación: Colección Kora, Sevilla 1991)
[3] Francisco José Barragán de la Rosa, profesor del Departamento de Química Analítica de la Universidad de Sevilla, en el trabajo titulado La fábrica de hierro (Coria del Río) alude a un primer proyecto de Corta preparado por Alberto Mielson en 1720. Estudio concreto de la Corta en Notas para la Geo-Historia del Bajo Guadalquivir: la corta de Merlina (1795), de Juan Manuel Suárez Japón, en Anales de la Universidad de Cádiz núm. 2, 1985, pp. 295-310. También hay referencias en: Los Comuneros sevillanos, de Fernando J. Campese Gallego, editado por “Fabiola de Publicaciones Hispalenses” (Fabiola 7 Sevilla, Tel. 954 562486). También: El Guadalquivir y la transformación urbana de Sevilla (siglos XVIII-XX), de Leandro del Moral Ituarte.
[4] Consulado de Sevilla, Expediente sobre la Corta del río en el torno de Merlina, Carpeta 23 núm. 30, año de 1794, Archivo Moderno de la Dirección Facultativa de la Junta de Obras del Puerto de Sevilla. Es de lamentar que pese a las innumerables gestiones realizadas, no hemos podido volver a consultar este importante documento, que incorporaba unos planos interesantísimos, para completar la información inicial que obtuvimos hace ya más de 20 años, en las oficinas de la Junta del Puerto de Sevilla.
Bibliografía:
“Scipion Perosini, ingeniero: autor de la primera corta del Guadalquivir. La de Merlina (Dos Hermanas 1794)”. Pedro Sánchez Núñez. Rev. Feria Dos Hermanas (2012).

“ Sevilla y su río en el siglo XVIII: un proyecto ilustrado para la mejora del cauce del Guadalquivir” Castillo Martos M., Rodríguez Mateos J., Suárez Japón Juan Manuel.. Secr. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada